Tuberculosis: el gran maestro del engaño inmunológico

Tuberculosis: el gran maestro del engaño inmunológico

Hilda Cecilia Leyva Sánchez, Leonor Pérez Martínez y Martin Gustavo Pedraza Alva

¿Cómo logra una bacteria tan antigua como Mycobacterium tuberculosis (Mtb) convertir a nuestras propias células defensoras en cómplices para su supervivencia? Este microorganismo, causante de la tuberculosis (TB) (Figura 1), es difícil de eliminar porque se refugia dentro de los macrófagos, que son células encargadas de ingerir y destruir patógenos, y altera las señales inflamatorias, esos mensajes que las células envían cuando hay una infección, debilitando así nuestras defensas. En este duelo microscópico lleno de estrategia: ¿ganará nuestro cuerpo o la infección?

 

¿Cómo afecta la tuberculosis a nuestro cuerpo?

Al inhalar gotitas cargadas de Mtb, la bacteria llega a los pulmones (Figura 2) e infecta a los “macrófagos alveolares”, los «guardianes» del sistema respiratorio. Normalmente, estos destruirían a la bacteria en compartimentos llamados “fagolisosomas” (Figura 3), que funcionan como un triturador celular, algo así como el estómago del macrófago. Sin embargo, Mtb es un maestro del engaño; en lugar de ser destruido, manipula a los macrófagos para convertirlos en su refugio, usando “receptores celulares” que son como “antenas” que están en su superficie y le ayudan a detectar señales para evitar su eliminación.

 

Un delicado equilibrio de citocinas

Cuando Mtb infecta el cuerpo, activa unas señales químicas llamadas “citocinas”, que funcionan como mensajeros del sistema inmunológico. Al inicio de la infección, el sistema inmune envía «mensajes de alerta» a través de las llamadas “citocinas proinflamatorias” pequeñas señales químicas que avisan sobre la infección y que tienen nombres complicados, como TNF (factor de necrosis tumoral), IL-1β e IL-6, que ayudan a controlar la replicación bacteriana y son esenciales para atraer otras células inmunitarias como las que se llaman neutrófilos, células dendríticas y células NK (Figura 4) que ayudan a detectar la infección, atacar al invasor y coordinar una respuesta más completa del sistema inmunológico. Pero Mtb ha desarrollado una interesante estrategia. Después de un tiempo, logra que el cuerpo produzca citocinas antiinflamatorias, como las que se llaman IL-10 y TGF-β, que funcionan como un «control» que reduce o suprime la respuesta de las defensas. Es como si la bacteria “engañara” al sistema inmune para que deje de atacarla, permitiéndole quedarse y multiplicarse sin problemas.

El éxito de la tuberculosis como enfermedad reside en un frágil equilibrio entre las moléculas que estimulan y las que suprimen la inflamación, que es una respuesta de defensa del cuerpo cuando hay una infección, una herida o algún daño y que algunas veces puede causar —como efecto visible— la hinchazón. Este equilibrio puede definir el destino del huésped: eliminar la bacteria o formar granulomas (estructuras que son como murallas de células que intentan encerrar a la bacteria, aunque sin lograr destruirla) (Figura 5).

 

 

 Una molécula importante: el interferón gamma

El interferón gamma (IFNγ) es una molécula clave en la lucha contra Mtb. Su papel en el control de la enfermedad durante las fases tardías de la infección, específicamente en la formación y mantenimiento de los granulomas, ha sido demostrado por numerosos estudios tanto en modelos animales como en pacientes con TB.

Esta citocina estimula a las células encargadas de ingerir y destruir bacterias, aumentando su capacidad para eliminarlas. A pesar de esto, en algunos casos, niveles elevados de citocinas antiinflamatorias como IL-10 contrarrestan los efectos del interferón (IFNγ), lo que permite que la enfermedad progrese. Sin embargo, esta molécula también puede desempeñar un papel crucial en las etapas tempranas de la infección. Cuando Mtb entra en contacto con los macrófagos alveolares en los pulmones, éstos producen esta importante señal que los ayuda a destruir a la bacteria, ya que promueve un proceso que también tiene un nombre difícil de leer: “macropinocitosis”, una especie de «trampa» que las células inmunitarias utilizan de manera alternativa a la fagocitosis para comerse y eliminar a los invasores (Figura 6).

 

¿Podremos usar el propio sistema inmunológico para vencer a esta bacteria?

Investigaciones recientes han revelado el papel crucial de una molécula que se llama “KLF10”, un factor de transcripción que es como un «director de orquesta» de la célula, ya que decide qué genes se deben encender o apagar para producir diferentes proteínas, de esta manera regula la expresión (producción) tanto de las citocinas proinflamatorias como de las antiinflamatorias. En condiciones normales, KLF10 mantiene un equilibrio entre los distintos tipos de citocinas, controlando la inflamación. Sin embargo, durante la infección por Mtb, KLF10 es influenciado para favorecer un ambiente antiinflamatorio, es decir, un conjunto de señales que disminuyen la respuesta inflamatoria y, de esta manera, facilitan la supervivencia de la bacteria (Figura 7).

 

En nuestro grupo hemos demostrado que, cuando los macrófagos carecen de KLF10, producen más citocinas inflamatorias (incluido el interferón IFNγ), haciéndolos más eficaces para destruir a Mtb (Figura 7). Esto abre la posibilidad de explorar nuevas terapias que modulen la acción de KLF10, con el fin de mejorar el control de la enfermedad (Figura 8).

La tuberculosis no es solo una batalla entre una bacteria y el cuerpo, sino un juego estratégico, donde ambas partes intentan ganar ventaja. Aunque Mtb tiene estrategias impresionantes para evadir las defensas de nuestro cuerpo, la ciencia está desentrañando estos secretos para diseñar terapias más efectivas. Al final, el objetivo es claro: ayudar a nuestro sistema inmunológico a ganar esta batalla y reducir el impacto de la enfermedad en el mundo.

Lecturas recomendadas

  1. Araujo Z, et al. “Respuesta inmunitaria en tuberculosis y el papel de los antígenos de secreción de Mycobacterium tuberculosis en la protección, patología y diagnóstico: Revisión. Investigación Clínica” (2008). http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0535-51332008000300012&lng=es&tlng=es.
  2. Peregrino, E. S., Castañeda-Casimiro, J., & Wong-Baeza, I. (2024). Tuberculosis: Una sombra del pasado que sigue vigente a través del tiempo. Revista El Linfocito (4). https://sociedadmexicanadeinmunologia.org/wp-content/uploads/2024/03/01_Tuberculosis-El-infocito-No4-Mzo-2024.pdf
  3. Flores Valdez, M.A. (2016). Generación de candidatos a vacunas contra tuberculosis en México. Biotecnología en Movimiento, 4, 25-26. Instituto de Biotecnología de la UNAM. https://biotecmov.ibt.unam.mx/services/pdfDownloader.php?id=NCoqXyoqMTI=
  4. Alemán Navarro, E., & Rosenstein Azoulay, Y. (2024). Pero… ¿la tuberculosis, no estaba ya erradicada? Biotecnología en Movimiento, 36, 36-1. Instituto de Biotecnología de la UNAM. https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/36/1.html
  5. Flores Valdez, M.A. (2024). Regreso al pasado, pero ¿con ventajas? La vacunación contra tuberculosis vía intravenosa. Biotecnología en Movimiento, 36, 36-6. Instituto de Biotecnología de la UNAM. https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/36/6.html

 

  Este texto se obtuvo desde: https://biotecmov.ibt.unam.mx/numeros/44/3.html.

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